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La poeta y librera Mamen Monsoriu debuta en la novela con una historia intimista muy bien escrita, que, con un estilo fresco y cercano, nos plantea cuestiones relevantes de la vida como la propia maternidad o el concepto de familia.
Entrevista: Susana Alfonso
¿Creías que te iba a resultar tan fácil publicar tu primera novela y además en un grupo editorial tan grande?
Pensaba que una oportunidad de este calibre llegaría dentro de unos indefinidos años, pero lo deseaba con todas mis fuerzas, claro. Ya sabes lo peligroso que es desear, y, si no, que se lo pregunten a Rey.
¿Crees que tu condición de poeta, con libros publicados, te ha podido facilitar el camino, incluso el ser librera?
Estoy segura. Tener libros publicados, incluso siendo estos de otro género, allana el camino de la primera publicación «gorda». Ser librera, por descontado, también. Más que haberme ayudado a publicar, me está facilitando mucho el trabajo ahora, a la hora de vender mi obra y programar eventos para su promoción.
¿Cómo se pasa de estudiar Biotecnología, ninguna tontería, a dedicarse en diversas vertientes al mundo de la literatura?
Es más frecuente de lo que parece, cada vez conozco más escritores que antes habían sido ingenieros, arquitectos, incluso médicos… Resulta sencillo combinar ambas pasiones durante unos años, pero el mundo literario requiere tanta energía que acaba reclamando una decisión. Que te dediques exclusivamente a él, o, por el contrario, lo dejes estar. Por eso hay tanta gente que se queda por el camino…
Para que te hagas una idea: hace ocho años terminé la carrera, siete que publiqué mi primer libro y casi cinco que monté la librería. No me arrepiento del camino elegido: tener cabeza de ciencias me hace trabajar de forma mucho más disciplinada, sin irme por los laureles…
Una protagonista de 29 años, poeta, con una carrera a cuestas, posible mamá (tú ya lo eres), natal de Valencia, residente en Ruzafa… ¿Mucho del sustrato de esta novela reside en ti misma sin llegar a ser autoficción?
He jugado en campos en los que me sentía cómoda. También me he adentrado en terrenos pantanosos, como el duelo, al que todavía no me he enfrentado, y me he sorprendido estando tan familiarizada con el concepto. Se lo debo a los libros que he leído.
«La primera persona me despejaba mucho el canal de la sinceridad».
Algunas primeras novelas en ocasiones se suelen sustentar en vivencias muy personales de los propios autores, ¿es tu caso?
Como te indicaba antes, a la hora de elegir la ambientación y los temas principales de la novela he querido jugar en casa, precisamente por tratarse de una primera novela y no querer experimentar en exceso. Sin embargo, tanto la historia como los personajes que la integran son absolutamente ficción. Tiene mucho de mi forma de pensar, eso sí. De ahí que me haya sentido tan desnuda publicándola.
¿Cuál fue la chispa detonante de Justicia poética?
El final. Estando embarazada de ocho meses, soñé con el final. Pero no soñé que me pasaba a mí, sino que lo escribía. Me desperté y lo escribí. Quién me diría entonces que tres años después vería la luz…
¿Por qué elegiste la primera persona para narrar esta historia sobre Rey?
Fue una decisión a la que le estuve dando muchas vueltas. Al tratarse de literatura intimista y contener varios temas «tabú», la primera persona me despejaba mucho el canal de la sinceridad.
Algunos capítulos surge inesperadamente la voz de Biel, ¿a qué se debe esta licencia narrativa?
Se debe a que nunca me ha gustado quedarme con una sola versión de la historia. De haberla escrito en tercera persona, probablemente no habría necesitado esa segunda voz. Pero la historia narrada en primera persona, sin la versión de él, me habría parecido incompleta.
Son muchos los temas que tratas: la amistad, los abusos, el duelo, la influencia de los padres en nuestra infancia y en nuestra vida, la maternidad, el sacrificio «intrínseco de las madres, el miedo real de la mujer a relegar su «yo cuando tiene un hijo, la posible pérdida de creatividad al parir… ¿Cómo te planteaste este abanico de relaciones personales y sentimientos?
Si te fijas, son los principales temas que nos conciernen a las mujeres a partir de los 30 años. Uno no se entiende sin el otro. Por desgracia, conviven. Y eso es precisamente lo más difícil de manejar: cómo afecta la tensión evidente de uno de los aspectos de nuestra vida en todos los demás.
La decisión de la maternidad es el eje principal de la novela, pero también tocas el asunto del maltrato…
Algunas veces el miedo al compromiso es cobardía, sin más. Otras muchas se sustentan en experiencias traumáticas pasadas. Cuando nos relacionamos con alguien que huye del compromiso, antes de juzgar, hay que mirar por el retrovisor y ver qué hay ahí. Qué hubo ahí. Y, después, por supuesto, separar las relaciones y no dejar que unas se contaminen de otras.
Cuestionas también el concepto de familia…
¡Es uno de los grandes temas de mi vida! Cuestiono la familia como destino final de la mujer, como obligación. Entre líneas, replanteo también el concepto de «grupo de amigos». Creo que es el motivo principal por el que los grupos y las familias se rompen. Considero que la cohesión no puede venir dada por un grupo, las relaciones son individuales y así es como deben cuidarse, uno a uno. Si después se diera la suerte de poder estar en grupo y que esas relaciones se mantuviesen igual de fuertes…
«Alguien muy sabio me dijo que esta generación de escritores camina hacia la hibridación de los géneros».
Justicia poética: «Triunfo de los valores morales que sirve de resarcimiento a quien injustamente ha recibido castigo, humillación o desdén». ¿Crees en ella?
Creo en ella. Aunque no siempre traiga buenas noticias…
Cuéntanos el porqué de este título.
Esa expresión, tan poco frecuente y tan lírica, sería la que yo emplearía si tuviera que resumir la novela en dos palabras. Es necesario leer hasta el final para entenderlo. Pero también es un juego de palabras, ya que la poesía está especialmente presente durante todo el libro…
Ser «poeta» ¿es algo de lo que no te puedes deshacer? ¿Forma parte intrínseca de algunas personas?
Esto también lo he querido explicar, además, desde el principio, cuando ella está preparando el discurso para la recogida de premios. El defecto/deje del poeta y su relación con el mundo se entienden muy bien entre estas páginas.
En la novela hay numerosos versos que hilvanan a la perfección dentro de la narrativa, sin que molesten ni resulten impostados, ni metidos con calzador. ¿Cómo has conseguido esta armonía literaria entre ambos géneros?
¡Gracias por esta pregunta! Dudé mucho sobre si incluir o no incluir los poemas. Lo consulté con una mujer a quien aprecio y admiro, y me dijo que tenían que estar (precisamente, para no romper esa armonía de la que hablas), pero tal vez solamente las frases más importantes. Antes de escribir la novela, cometí la locura de meterme en la cabeza de la protagonista y escribir los poemas imaginándome que atravesaba esos momentos. Una vez los tuve, comencé con la narración y fue cuestión de ir seleccionando los versos que más se ajustaban a las circunstancias…
¿Poeta o novelista?
Ve pensando un término que reúna esos dos. Hace algo más de un año, alguien muy sabio me dijo que esta generación de escritores camina hacia la hibridación de los géneros. Y por qué no.
¿Te ronda ya la idea de tu próxima novela? ¿Habrá más historias sobre Rey?
Pese a tener un final tan contundente, es una pregunta que me hacen un montón cuando la terminan: «¿habrá segunda parte?». Creo que es debido a que toda la novela en sí misma, aunque la acción transcurra en pocos meses, puede leerse como un coming-of-age de Raquel. De momento, la respuesta es un no rotundo, pero quién sabe… Me encuentro trabajando en algo completamente distinto que tenía también atravesado. Cuando me saque esa espinita, hablaré con Raquel a ver si tiene algo que contarme.
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