YVES DE VILLEGA, AUTOR DE «LA SALAMANDRA DESNUDA» (NdeNOVELA)

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Thriller explosivo donde se conjugan los extremos y el amor «por encima de la propia vida» es el hilo conductor.

 

Entrevista: Susana Alfonso

 

¿De dónde le nace a un ingeniero de caminos la pasión por escribir?

Desde los 11 o 12 años ya me presentaba a todos los concursos de prosa y poesía que había en las fiestas del colegio, en las del instituto después y luego en las de la universidad. Mi madre era profesora de lengua y literatura francesa y supongo que crecí en un mundo de cómics y libros que hizo inevitable caerme en el caldero de la poción mágica de la lectura. Luego, en el transcurso de los años, siempre busqué huecos para poder rellenar páginas. De hecho, La salamandra desnuda lo fui escribiendo en los huecos que la docencia en la universidad me permitía. Me iba a la cafetería, me ponía mis tapones y procuraba avanzar cada día una o dos páginas más. Y ahora sigo igual. Como todo el mundo sabe, escribir es una enfermedad incurable para todo aquel que la padece.

«Japón es un país de extremos, de gran refinamiento tanto para lo hermoso como para lo terrible».

¿Te gustaría dedicarte exclusivamente a la escritura?

Por una parte, sin duda alguna. Para poder sacar libros con cierta regularidad hay que dedicarse a ello a tiempo completo. No tanto por escribirlos como por corregirlos. La reescritura y la corrección son procesos muy exigentes que procuro no tomarme a la ligera. A pesar de ello, tener un trabajo aparte me parece necesario por higiene mental. Creo que dedicarse solo a escribir me llevaría a situaciones de saturación y de bloqueo que cuando trabajas no sucede, porque el deseo continuo de escribir que te tortura cuando estás «perdiendo» el tiempo en ganar el vil dinero, hace que te sientes ante la página en blanco con cargo de conciencia y eso me ayuda a escribir con mucha más desesperación por el poco tiempo que tengo para ello.

Tras tu estancia durante años en Asia parece ser que te enamoraste de este continente. ¿Qué es lo que más te atrae de su sociedad y/o cultura?

Lo mismo que atrae a los astronautas de las películas de ciencia ficción cuando viajan a otro planeta; descubrir personalidades, educaciones, gastronomía, relaciones familiares, maritales, laborales, culturales, religiosas… tan distintas a la nuestra. Asia creo que es el continente más «marciano» para un español, con la particularidad de que cada uno de sus países es completamente distinto del de al lado. Además, yo trabajaba allí para vender industria española, y para tener éxito tuve que hacer un gran esfuerzo en intentar entender a mis clientes vietnamitas, indios, chinos o japoneses. Eso me obligó a estudiar en detalle su idiosincrasia, observar con prudencia, preguntar mucho; y en ese bucear descubrí cuán distintos podemos ser cada uno en su extremo del mundo (y cuán parecidos en muchos aspectos también).

«Desde el principio quise que la fuerza del amor fuese el verdadero hilo conductor de la novela. […] Un amor que está por encima de la orientación sexual, por encima de las diferencias culturales, por encima de la propia vida».

¿Era un paso lógico que de tu entusiasmo asiático surgiera la escritura de tu primera novela para adultos ambientada en Japón?

Sí, sin duda. Durante mis viajes escribía todo lo que podía, en hoteles, aviones, aeropuertos, y el germen de esta novela ya llevaba mucho tiempo plantado, buscando una historia que sirviese de vehículo en el que poder plasmar cada detalle cultural, a cuál más extraordinario. Pero eso lleva tiempo, y hasta que se definió del todo pasaron unos años. De hecho, tengo abocetadas varias posibles historias en cada país. De momento ha salido la de Japón.

¿Cuál es el germen de este thriller donde mezclas elementos extremos como la Yakuza, el lesbianismo, el hedonismo y el sadomasoquismo?

Japón es un país de extremos, de gran refinamiento tanto para lo hermoso como para lo terrible. Esos contrastes, esa dualidad brutal del estrés laboral frente la capacidad de relajación del japonés, de su pacifismo frente a su violencia, de su espiritualidad frente sus vicios bizarros, son algo que fascina al español, más situado quizá en un término medio. Por lo tanto, escogí componentes de ambos extremos para ilustrar la historia. Por una parte la maravillosa cultura del agua, los onsen, los ofuros, los sento, los ryokanes escondidos en la naturaleza, los masajes, la comida maravillosa, el refinamiento hedonista en el sexo, el disfrute de la belleza; y por otro el lado oscuro: la famosa yakuza, la terrible mafia japonesa, la omnipresencia de la muerte o de la mutilación por motivos de honor, las aplastantes exigencias familiares con una hija lesbiana y soltera, la dificultad de adaptación del gaijin, del extranjero, en esta sociedad tan compleja…

«La potencia que surge de dos mujeres que se aman en un país de hombres mafiosos que quieren acabar con ellas me pareció irresistible».

¿Podríamos decir que la pasión es el detonante de esta novela?

La pasión y el amor. Desde el principio quise que la fuerza del amor fuese el verdadero hilo conductor de la novela, por encima del thriller, del erotismo o de los detalles culturales de Japón. Un amor que atrapa tanto a la protagonista que, aún a sabiendas de que se está metiendo en la boca del lobo, decide jugarse la vida por él. Un amor que está por encima de la orientación sexual, por encima de las diferencias culturales, por encima de la propia vida. Si hay algo que nos iguala a todos los seres humanos, en cualquier cultura y en cualquier época de nuestra historia, es la necesidad de amor.

¿Qué te hizo plantear una relación lésbica entre las protagonistas en una sociedad donde este tema está bastante silenciado?

Por una parte, quería mostrar las dificultades familiares que sufre la protagonista japonesa por este hecho. No tanto por la diferente orientación sexual. En Japón, la discreción intrínseca de la sociedad obliga a no juzgar demasiado a los demás mientras no hagan notorias sus diferencias. Porque en Japón aquel que «destaca», aquel que difiere de la homogeneidad social es censurado; no solo en la orientación sexual, sino también en cualquier otro ámbito. Por lo tanto, una chica lesbiana, atrevida, yakuza y que no acepta el destino matrimonial que le imponen sus padres, era un personaje ideal para poner a prueba a la otra protagonista. Podría haber planteado una relación más convencional, pero la potencia que surge de dos mujeres que se aman en un país de hombres mafiosos que quieren acabar con ellas me pareció irresistible.

¿Cómo ha sido la investigación sobre la Yakuza o mafia japonesa? ¿Te resultó difícil instruirte en ella?

No. Lo realmente complicado fue integrar en la estructura de la novela los pequeños detalles, los insignificantes matices de la sociedad japonesa, muchos de ellos casi invisibles para el ojo europeo, y sin que se convirtiese por ello la novela en un libro académico, procuré que no estorbase a la historia. Las particularidades de la yakuza, por contra, son bien conocidas por el público occidental a través del cine, las series, los manga y los anime, y hay muchísima documentación al respecto.

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